Gestos en tiempos de crisis

por Fran el 20 febrero 2012

No quiero que pase más tiempo lo sin contar lo que viví la semana pasada.

Llegué a Correos para pagar un recibo y delante de mí en cada uno de los dos mostradores había en el de la izquierda una señora mayor con bastón y en el de la derecha un chico extranjero, quizás de algún país de Europa del Este. En esos instantes yo era el único integrante de la cola de espera.
A los pocos segundos veo como a la señora, que también se había acercado a la oficina postal para abonar un atraso, se le cae del monedero un billete de cinco euros sin que nadie se dé cuenta excepto yo. En ese instante me acerco, recojo su billete y le digo "Señora, se le ha caído esto." Lo mira, me mira, me da las gracias y mientras vuelvo a mi lugar en la cola me dice "Eso que has hecho no lo hace mucha gente, y menos en los tiempos en que estamos", a lo que el chico extranjero asiente mirándome diciendo "No, desde luego que no."

Con otros protagonistas la historia traía un segundo capítulo.
Estaba casi llegando a casa cuando veo que un magrebí al que conozco de vista deja, acompañado de su mujer, un abrigo colgado en la puerta de mi edificio. Esa mañana hacía un viento exagerado y a alguna de mis vecinas se le había volado tras tenderlo en la terraza para aterrizar en plena calle. ¿Quién no se habría quedado con un abrigo tirado en mitad de la calle pero limpio por estar aún con la percha y alguna pinza, que demostraban su reciente limpieza? Tirado en mitad de una calle estrecha y sin apenas tránsito de personas. La pareja que dejó el abrigo en la puerta de mi edificio sé que es una familia humilde, y en cambio ese fue el gesto que tuvieron. Cogí el abrigo y llamé a una de mis vecinas - Maricarmen - porque me sonaba que era de ella, lo que me confirmó por teléfono y finalmente pudo recuperar su prenda.

Como decía la señora de la primera parte de la historia, vivimos una época dura en la cual la tentación de aprovecharnos de situaciones para nuestra ventaja pero sin duda oscuras moralmente se tiene que con muchísima frecuencia. Pero dejo aquí dos gestos ocurridos la misma mañana para que sirvan como ejemplo de que desconfiar por desconfiar y malpensar por malpensar de las personas es una de las grandes injusticias de nuestro tiempo.