:: Going to the beach ::

por Fran el 12 noviembre 2007

Puff... Acabo de darme cuenta de que llevo una semana sin actualizar, y lo peor: que lo último publicado (el lunes pasado, lo de los sueños) me serviría exactamente para este lunes también.
Aunque hoy no me ha afectado tanto... Quizás porque en los últimos días sólo me han ocurrido cosas buenas y buenas noticias que han amortiguado "lo otro".
Cosas buenas como la fiesta de cumpleaños de mi hermana Luisa el sábado en su casa, la salida posterior por Murcia que fue muy divertida y completa (y caótica, Alicia), el que mi otra hermana Eva haya venido por sorpresa a pasar un par de días a Murcia hasta mañana, que aprovecharemos para ver alguna exposición y por supuesto después una pegarnos una gran marinerada(*), que anoche me dijera mi Patico que va a venir a Murcia del 30 diciembre al 2 de enero a pasar el fin de año y que me va a dejar que le cruja todos los huesos de patico que tiene de un abrazo, y que estamos en pleno noviembre y hace un sol y una temperatura (24º C) que le levantan la moral a cualquiera.

Así que para hoy no doy por totalmente válido el post del lunes pasado (pero mantengo lo del mal cuerpo con el que te despiertas con sueños así...) y voy a hablar de una de mis fotos favoritas.


Going to the beach (1997)

Como digo es una de mis fotos preferidas, pero cuando la gente la ha visto nunca nadie me ha hecho ningún comentario en especial sobre ella.

Estaba con Esther en la playa de El Mónsul, durante nuestras vacaciones por la costa almeriense en agosto de aquel año.
Tumbados al sol vi pasar a una familia hacia la orilla. Venían del aparcamiento, que en esa playa está algo alejado, y cruzaban la arena abrasadora del mediodía.
Caminaban lentamente, ya que la blanda arena dificultaba el paso. Iban en fila y descolgada unos metros se encontraba la pequeña de la familia, una niñita rubia de unos cinco años y de aspecto prototípicamente centroeuropeo. A la pobre se la veía que no podía con su alma, que más que ir a la playa estaba atravesando un desierto tras cuya travesía no encontraría recompensa alguna. Porque realmente en la imagen la niña se encuentra tan sólo a unos veinte metros de la orilla del mar.
Así que cogí mi cámara y la fotografié.

Going to the beach (1997)


Siempre me he preguntado cómo es posible que los toreros se acuerden de todos y cada uno de los toros a los que se han enfrentado, y cada una de sus lidias y dónde se celebraron.
Yo recuerdo cada una de mis fotografías.



(*) En Murcia hay una tapa muy típica que es la marinera, consistente en una rosquilla alargada con un poco de ensaladilla rusa montada sobre ella y encima una anchoa. De ahí lo de "marinerada" :)