:: Para el psicólogo ::

por Fran el 20 octubre 2007

La tristeza se ha instalado en mí como un parásito de mi corazón y mi mente.
No puede ser que echar de menos a una persona condicione tanto la vida...
Desde hace unas tres semanas, desde que se apagó la lucecita, vuelvo a estar triste y en la estratosfera.
A veces con ansiedad, otras veces son sobresaltos en los que notas como el corazón te da un vuelco, con nervios...
Hago mi vida normal, centrado fundamentalmente en mi trabajo, tratando de tener todo mi tiempo ocupado, tratando de aislar esos pensamientos que me roban la sonrisa, pero hay una cosa contra la que no puedo luchar: soñar.
Esta semana han sido dos noches... La primera, tras verla en sueños me desperté y ya no pude seguir durmiendo (zombie perdido al día siguiente), y el día tras la segunda noche fue horrible, porque no es que la vea en sueños con forma de nube sino que son tan reales que recordar al día siguiente es una losa...
Y cuando siento que estoy mejor y casi he exterminado al parásito instalado en mi interior, ocurre algo que me hace notar que sigue vivo devorando mi vida.
Esta situación es desesperante, agotadora... Y una putada muy gorda.

Menos mal que, entre otras cosas, siempre me quedará la música!



The Rakes - We danced together (ya recordé cuándo fue la última vez...)