:: ¿Murcia o E.T.A.? ::

por Fran el 24 mayo 2007

Vivo en una ciudad donde el tráfico es demencial, una ciudad en la que se edifica sin parar sin dotar a las zonas edificadas de servicios que o llegan más tarde o nunca llegan: guarderías, zonas verdes, centros de enseñanza, zonas deportivas, comercios… Una ciudad que estresa.

Vivo en una ciudad que crece por el sur y por el norte sin que se haya proyectado en ninguna parte un gran jardín donde ir a pasear, de esos grandes que todas las capitales tienen en los que puedas evadirte del tráfico y el ruido, donde montar los críos en sus bicis, que sirva de pulmón para la ciudad y esparcimiento para los que en ella vivimos. Porque agua para regar campos de golf si hay, pero para regar jardines no.

Vivo en una ciudad en la que no se hace nada por promocionar el transporte alternativo al coche, bien sea el transporte público o la bicicleta.
El transporte público está gestionado tan deficientemente como deficiente creo que es quien lo gestiona, un transporte público que sufre el desmedido crecimiento de tráfico que ha habido en los últimos años. Una ciudad en la que tanto el clima como su llana orografía permitirían moverse por ella en bicicleta con toda comodidad.

Vivo en una ciudad rodeada de pedanías abandonadas en todos los sentidos: el ya comentado del transporte así como cualquier como cualquier servicio público (vivo también en una pedanía, Cabezo de Torres).

Vivo en una ciudad patéticamente pobre en diversidad y oferta de actividades culturales.

Vivo en una ciudad en la que no se crean zonas deportivas que no sean de pago y que a pesar de ello se masifican (por escasez en comparación con la demanda).

Vivo en una ciudad con una gran número de emigrantes para los cuales no se hace ningún tipo de política de integración social ni cultural, ya no sólo hacia ellos sino también para que los murcianos de toda la vida (por decirlo así para entendernos) comprendamos que nuestros nuevos vecinos no son unos apestados y comprendamos también su cultura.

Vivo en una ciudad que celebra todos los años en sus Fiestas de Primavera uno de sus actos centrales, el Bando de la Huerta, como exaltación de la vida huertana que es raíz del sentimiento y patrimonio de los murcianos. Una huerta que ya es casi inexistente, vendida a la especulación urbanística. Una ciudad que crece devorando su huerta desarraigando a miles de personas mayores que sólo conocen ese entorno de vida, expropiando sus tierras y casas y alojándolas en pisos que son cárceles para ellos, lejos de sus huertos, sus patios y su vida de siempre.

Vivo en una ciudad en la que no hay ningún tipo de oferta de ocio, en la que si eres joven te puedes morir del asco, en la que si eres viejo no tienes ningún incentivo para salir de casa ni lugar donde ir a pasear. En la que si no tienes posibilidades económicas para salir de fin de semana, la ciudad no te dará ninguna alternativa.

Vivo en una ciudad en la que no hay proyectos urbanísticos y arquitectónicos de vanguardia que sean referencia como imagen hacia el exterior, como los hay o los habido en las grandes capitales españolas a las que no se sabe ni copiar, en una ciudad en la que la modernidad se nos vende mediante centros comerciales.

Vivo en una ciudad a la que si alguien regresase tras diez años de ausencia, el único cambio que podría ver es el mar de grúas que levantan edificios como setas y la desmesurada cantidad de coches de alta gama y todoterrenos que se ven por las calles (todoterrenos por la ciudad, pero bicis no: muy bien).

Vivo en una ciudad que es Murcia. Y a pesar de todo lo anterior, vivo aquí, sí. Y aunque este hecho pueda ser circunstancial, mis raíces están aquí y la quiero y gente como yo mantiene la esperanza en que poco a poco, día a día las cosas se mejoren para que Murcia se convierta algún día en la ciudad que muchos de sus habitantes soñamos. Y este domingo, día de elecciones en las cuales se puede cambiar a quien localmente nos gobierna (alcalde y presidente de la Región) podría ser una nueva primera oportunidad.

Se puede estar de acuerdo o no, informado objetivamente o no sobre la política antiterrorista (y otras) del Gobierno del Estado, pero ¿qué tiene que ver ese asunto con el día a día que los murcianos vivimos en nuestra ciudad? Ahora es el momento de decidir sobre eso, y el año que viene, cuando se celebren las elecciones generales será entonces la ocasión de evaluar al Gobierno Central.
Anoche, escuchando en RNELa noche menos pensada” (blog), durante la primera hora entrevistaban a José Antonio Marina y María de la Válgoma, dos sabios que acababan de editar su libro “La magia de escribir” (otro libro muy recomendado de ellos y por ellos: La lucha por la dignidad). Fundamentalmente la entrevista giró entorno al tema del lenguaje y de las consecuencias de su empobrecimiento, y el profesor Marina dio un dato a tener en cuenta: se había realizado recientemente en España una encuesta a personas de 24 años de las cuales el 40 % era incapaz de comprender lo que se argumentaba en un editorial de un periódico (al hilo de esto: llamó una oyente al programa expresando su preocupación porque su hija de 9 años no entendía lo que se le preguntaba en el colegio; lo que no entendía la niña era la pregunta en sí, ni en forma ni en fondo).
Cuando las personas no entienden argumentos, sólo les valen los eslóganes publicitarios, frases, es decir, todo lo que los políticos sueltan por sus bocas en campaña electoral. Así, un altísimo porcentaje de personas se sentirá atraído por la frase más impactante o llamativa que durante estos días haya escuchado, mediante la misma forma de atracción que tiene la publicidad.

Por tanto que cada uno que piense si este domingo que viene cuando vaya a votar a su próximo alcalde es más importante Murcia o E.T.A. (el tema casi único de la campaña del PP, por cierto).

(Dedicado a Andrea, por lo que tú ya sabes)