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por Fran el 09 abril 2007

Prólogo.

Vamos a ver si la emoción me deja escribir...
Ahora mismo desde mi ventana veo cómo diluvia sobre Murcia. Aparte de los beneficios indirectos que ello provoca para la sequía que nos machacará seguro durante muchos meses este año, la alegría que me da ver tanta agua caer del cielo me desborda
Mañana es el último día de mi "semana santa 2007", y casi seguro que volverá a ser otro día pasado por agua para los murcianos y murcianas. Va ser un día emocionalmente duro para mi, pero ver la lluvia caer me consolará mucho, como me ha consolado parcialmente el verla caer este pasado y largo fin de semana.
Así que mañana la lluvia para mí será motivo de gran alegría. Y me consolará saber que ... Me consolará saber que llueve sobre los murcianos y murcianas.

Nudo.

Hoy es nueve. Es decir que ayer fue ocho. Es decir: ayer hizo tres meses desde que vi por última vez a Cristina.
Tres meses en los que mi vida ha cambiado radicalmente. Por ella. Por su ausencia.
Tres meses después, aún escribir estas líneas me pone la piel de gallina.
Podría escribir sobre cómo el peso de su recuerdo aún es difícil de soportar en muchos momentos.
Podría escribir sobre cómo sigo sin poder hacer cosas como ir a la Filmoteca, hacer un simple sudoku, pasear por determinados lugares a determinadas horas, mantener relaciones sexuales, leer un libro, dormir por las noches sin tomar tranquilizantes (mis tilas y valerianas)...
Podría escribir sobre como se ha vuelto mi carácter más callado, pensativo y melancólico... Como valoro mucho más unas cosas ahora que otras tonterías anteriores. Sobre cómo he perdido la ilusión por muchas cosas...
Podría escribir sobre todo eso y más.
Pero no lo voy a hacer.
Voy a escribir sobre la tarde que ayer pasé con dos de mis mejores amigos: Carlos y Antonio.

La costa de Murcia es lugar de destino para mucha gente en Semana Santa. Y también lo ha sido para Susana y Carlos y para Teresa y Antonio.
Así que Tanto Carlos como Antonio tuvieron la idea de que a su regreso de la playa vernos por la tarde en Murcia.
LLevaba mucho sin verlos, así que fue un ALEGRÓN.
Primero quedé con Susanita y Carlicos. Fue un ratito de una hora más o menos. ¡Qué alegría verles! Hablamos de lo que pudimos, su boda, sus planes, la familia, mi situación actual... En fin, de lo que todo aquello que pueden hablar unos amigos que se consideran familia.
Y casi pensando en coger carretera de nuevo hacia Madrid, fue cuando llegó Antonio. ¡Qué cabrón! ¡Cómo llegó de revolucionado, con su As en la mano, desplegándolo sobre la mesa y haciéndonos a Carlos y a mi enrojecer de la risa! Susana no entendía nada, pero con lo que hemos corrido los tres... Jaja, si es que tengo que reírme incluso ahora...
Con Antonio me fui al bar Altea (¡hola, patico!), donde pasamos unas dos horas muy agradables, con buen ambiente, acogedor, nada agresivo, poca iluminación, música a nivel ambiental, camareras que permitían descansar la vista, tarde lluviosa de primavera.
En esas dos horas... Pues en esas dos horas nos pusimos al corriente en persona de todo. LLevábamos sin vernos desde septiembre, y sin hablar desde Navidad.
Así que las dos horas pasaron en su primera parte contándole todo lo que el asunto con Cristina había supuesto en mi vida durante los últimos meses, y luego hablando de todo lo que compartimos como grandes amigos (siento que casi hermanos, como me ocurre con Carlos y Miguel Ángel).
Después nos fuimos a cenar con Teresa a la Peña el Chisquero, y de esa forma fue acabando el día...
Fue el día en que más contento me fui a dormir desde hace tres meses y un día.
Y todo gracias a mis amigos, todo gracias a Carlos y Antonio.
Gracias a ellos, tres meses después de ver a Cristina por última vez pude quedarme dormido con casi una sonrisa.
Les quiero mucho.

Epílogo.