:: De "La compresión impasible" (Tratado de Tahlan) ::

por Fran el 10 octubre 2004

Mantener la calma.

Quien comprende el sentido de la vida sabe
que nada tiene inicio y nada tiene fin, y por lo
tanto no se siente angustia. Lucha por aquello
en lo que cree sin intentar demostrar nada a nadie,
guardando la calma silenciosa de quien tuvo
el valor de escoger su destino.
Esto vale para el amor y para la guerra.


Aprender a ser el otro.

Estamos tan centrados en aquello que juzgamos
como la mejor actitud que olvidamos
algo muy importante: para alcanzar nuestros
objetivos necesitamos de otras personas.
Por tanto, es necesario no sólo observar el mundo,
sino que también hay que ponerse en la piel
de los demás y saber cómo acompañar sus
pensamientos.
Esto vale para el amor y para la guerra.


Encontrar al maestro correcto.

En nuestro camino nos cruzaremos siempre
con mucha gente que, por amor o por soberbia,
nos querrá enseñar algo. ¿Cómo distinguir al
amigo del manipulador? La respuesta es sencilla:
el verdadero maestro no es áquel que enseña
un camino ideal, sino el que muestra a su
alumno las muchas vías de acceso al camino
que tendrá que recorrer para encontrarse con
su destino. A partir del momento en que encuentra
este camino, el maestro ya no puede ayudarlo
más, porque sus desafíos son únicos.
Esto no vale ni para el amor ni para la guerra,
pero si no comprendemos este punto,
no llegaremos a ninguna parte.